miércoles, 30 de octubre de 2019



CARLOS KEEN, Pueblo del Sol!!

¿Donde queda? Pueblo de campo en la zona oeste de nuestra pampa bonaerense.
Pertenece al partido de Luján y distante a 15 km de su centro y Basílica.
Con fácil llegada por camino asfaltado; la más cómoda: Acceso Oeste hasta traspasar 5 km el ingreso de la ciudad de Luján. Última bajada en el km 71 del Acceso Oeste y desvío de 10 km más por muy buen camino asfaltado y señalizado hasta el poblado.
Sus Datos. Fundado un 12 de agosto de 1881. Su fecha es el 4 de noviembre, santoral de San Carlos Borromeo.
De pequeña extensión, solo alcanza a 6 a 8 cuadras de largo por 2 a 4 de ancho y unos 400 habitantes.
Su historia. El doctor Carlos Keen, abogado y periodista, nació en Las Flores en 1840; hijo menor de George Keen y Eloisa Vargas de Keen, hermano de Jorge Eduardo.
Participó y fue herido en la guerra del Paraguay y murió de fiebre amarilla en 1874.
No conoció el pueblo que lleva su nombre; no habitó ni tuvo que ver con su creación.
Su padre repartió tierras entre sus dos descendientes; a Carlos le tocó, entre otras, estos campos.
Su desarrollo. Giró en torno al FFCC –ex Línea Mitre- que se comenzó a construir en 1.875 como una extensión que unía Luján con Pergamino.
Era el medio vital para sacar los productos agrícolas ganaderos de esa inmensa pampa bonaerense; atraía manos fuertes para trabajar.
Allá por el año 1930 tenía 3500 habitantes y era el primer pueblo del partido.
Con anterioridad a la ruta n* 7 contaba con hotelería y estaciones de servicios. A pueblos vecinos, como Flandria y Jáuregui, partieron gente de acá: se instalaron industrias textiles.
Como muchas otras localidades, ha pasado de períodos de esplendor y de malaria.
Desde varias décadas atrás sufrió un profundo estancamiento.
Varió a la actividad tambera y pequeñas chacras de emprendimiento personal.
En 1.970 cesó el FFCC.En los últimos años le encontraron una vuelta: "el turismo", beneficiados por una autopista que facilita un rápido acceso, escasa distancia de la ciudad capital, nuevos y variados emprendimientos, buenas difusión, comunicaciones y ordenanzas que tornaron a Carlos Keen como pueblo tradicional e histórico.
¿Como era y es? el centro urbano se recuesta adjunto y alrededor del predio rectangular de la estación del FFCC y se extiende a sus cuatro lados, unas pocas cuadras más.
Sus principales arterias lo rodean y corren asfaltadas: dos largas en los laterales y dos cortas en las cabeceras con sus pasos a nivel y señales ferroviarias, una en cada cabecera.
Dentro el predio ferroviario se bifurcan tres vías adicionales a la única principal; aún persiste un galpón de carga y almacenamiento de cereales de los tres primitivos que existían y conocí.
Frente a la pintoresca y bella iglesia de San Carlos Borromeo, de principio del siglo pasado, se encuentra una pequeña plaza con algunos bancos y juegos, zona de deportes e instalaciones de la sociedad de fomento local con buffet y salón de festejos.
El cura párroco viaja los domingos a la mañana para celebrar la ceremonia religiosa.
En su centro sobrevive aún la antigua y casi abandonada estación del FFCC, hoy pequeño museo en desarrollo y una feria artesanal denominada Pueblo del Sol.
A su alrededor se ubica además de la iglesia, la panadería de Anastasio Gutierrez, variados comercios, dos escuelas (una primaria y otra de enseñanza media técnica), la biblioteca y Comisión de Preservación y Tercera Edad (ubicada en la ex casa y oficina de correos), un puesto sanitario, algunas fábricas -de elaboración de dulce de leche una y de fideos secos la otra- el conjunto de viviendas y sus pobladores, etc.
El hoy. Diversas normas legales regulan mantener intacta la fisonomía original del pueblo.
Como ejemplo se puede citar: prohibición de derrumbar y/o modificar edificaciones tradicionales, preservar las existentes, mantener alumbrado a bombillas de época, cartelería propia con diseño de imagen corporativa, etc.
Una varita mágica los tocó, aún conserva su magia autentica.
Los fines de semana conviven las antiguas tradiciones con la gastronomía y modernos autos relucientes. La gente de allí y sus visitantes.
De varios restaurantes de campo, casas de antigüedades, cabalgatas, paseos en sulkys se puede disfrutar.
Hasta aladeltismo y vuelos de bautismo se concretan en la escuela y centro de instrucción.
El pueblo de Carlos Keen también es receptor de muchos grupos de actividades diversas: caravanas de amigos de la bicicleta, de autos antiguos, clubes fotográficos, filmaciones cinematográficas, televisivas, etc.
Don Aniceto Gutierrez, un español dueño de la panadería y fábrica de dulces (hasta tuvo un molino de harina) fue gestor e impulsor, entre otras cosas más, de traer la luz eléctrica y el asfalto al pueblo. A la calle de ingreso se le impuso su nombre
El acto de nombramiento coincidió con el día de su natalicio.
Reconocido homenaje a un pionero del pueblo.
Al igual que mis padres, lo conocí y traté personalmente, también a sus hijos y familia.
Carlos Keen también vivió la oportunidad, en febrero del 2005, de un gran festival de rock con varios artistas de renombre nacional, donde acudieron y acamparon numerosos seguidores.
Si hasta se ofrece por internet venta de pinturas con sus paisajes tradicionales y camperos.
Yo lo viví. Lo conozco desde la década del 50, allí viajábamos de vacaciones todos los años, pues mis padres tenían una casa en el pueblo y hasta llegaron a vivir en él sus últimos años.
Todos nos conocíamos y compartíamos vivencias.
La costumbre era llamarse por el apellido y/o con los sobrenombres que se asignaban.
La imaginación pueblerina era sabia, a casi todos los tocaba en suerte el apodo más justo; eran indiscutibles.
Otra costumbre tradicional eran algunos dichos o refranes de sus pobladores.
Quedaban grabados en la memoria colectiva por su ingenio en asemejar la realidad.
Existían personajes típicos que se destacaban por alguna característica propia, costumbre o modo de actuar y vivir.
Los acuerdo de partes eran verbales, no existían contratos escritos; solo se estrechaba la mano y se prometía "palabra de honor"; se cumplían, casi nadie no lo hacía.
Si alguien fallaba, a las pocas horas por todos ya era conocido.
El boca a boca funcionaba a la perfección. -"..me contó Fulano, que se lo dijo Mengano que no es de mentir, que Zutano no cumplió ….".
Funcionaba el tren, primero con locomotora a vapor, luego fue diesel.
Salía de Luján 3 veces por semana (lunes, miércoles y viernes), ida por la mañana y regreso a la tarde.
También viajamos en “El Pullmita”, colectivo regular de línea con seis frecuencias diarias; tres de ellas se extendían hasta el pueblo vecino de Villa Ruíz.
La denominación “El Pullmita” provenía del nombre de la primera empresa del transporte; luego de adquirida por otra colega, los pobladores continuaban con el primitivo vocablo.
Recuerdo su primera unidad, la conocí y viajé: ya bastante antigua, con carrocería de techo caído atrás, sobre su cola y apertura manual de puertas.
Luego se modernizó, fueron dos unidades, de mayor tamaño y capacidad, frontales, formato cuadrado, más altos y puertas mecánicas.
Existían dos caminos de tierra que llegaban a la RN 7, denominados "el angosto o corto" uno y "el ancho o largo" el otro, por sus amplitudes y/o distancia a la RN 7.
Cuando llovía, la salida o llegada era a caballo, en sulky, en carro, tractor o a pie.
En el año 1.963 se concretó un viejo y muy solicitado anhelo: la llegada del asfalto por el "ancho" y ya al año daba “la vuelta al pueblo” por su única calle principal, rodeando el predio del FFCC.
Se contaba con luz eléctrica, estafeta de correos, destacamento policial con personal fijo, escuela primaria, oficina de telefonía con operadora, panadería con horno propio, el club Independiente, canchas de paleta –de principios del siglo pasado- y de fútbol, reparto de diarios y revistas. Comercios de ramos generales que ofrecían desde alimentos, ropa, mercería, cereales, herramientas y hasta enseres agrícolas, aperos, recados, carnicerías con matanza propia, tienda, taller mecánico, herrería y algún otro que ya no recuerdo.
Hasta existió un surtidor de nafta con bombeo manual en el principal comercio.
No había farmacia, así que los remedios eran “por encargue” al conductor del colectivo.
Una fábrica de quesos y dulce de leche recibía el producto de los tambos, otra elabora fideos secos.
En el club Independiente se ofrecía cine o veladas bailables; en los bares, juegos de mesas, billares y salón con TV para recreación y reunión de familias.
Funcionaba y aún existen las instalaciones de la cancha de paleta, tamién de principio del siglo pasado.
Unas pocas cuadras más alejadas, la de fútbol con arcos y dimensiones reglamentarias donde nos divertíamos con los amigos y disputamos desafíos contra equipos de otros poblados vecinos.
De niño ya concurría a la estación ferroviaria, en horarios cercanos a la llegada del tren.
Junto al jefe y su ayudante me prendía en alguna tarea relacionada a la actividad.
Bajo la supervisión de alguno de ellos dos, accionaba las palancas de las señales y recibía o entregaba los mensajes y constancia de vía libre al maquinista, despachaba o recibía alguna encomienda, etc.
Lo que nunca logré hacer fue tañer la campana; el celoso jefe, con la gorra oficial en su cabeza, no delegaba esa función.Varios años de mi adolescencia concurrí a un tambo muy cercano al pueblo a colaborar en sus tareas.
Excepto ordeñar (nunca logré hacerlo) colaboraba con cualquier trabajo: arriar animales, apoyar (peonar) en el corral tambero, transportar leche en carros, rastrillar alfalfa, arrimar el montón de pasto, tirar la cigüeña en la parva, alimentar ganado y animales caseros, preparar el puchero y mate cocido para peones y demás personas, reparar y estirar alambradas, etc, etc.
Concurríamos a las ferias de subasta de ganado o remate de artículos de campo. Si se daba..., había que arriar animales, cargar y traer “a las casas” la compra realizada.
Generalmente se brindaba un “asado con cuero” donde sólo se abonaba la bebida.
Entablábamos partidos de fútbol con amistades o concurríamos a los bares a jugar al "honguito" (un pull con obstáculos para introducir la bola), al metegol, mirar TV y los encuentros de primera división, partidas de mus o truco de los mayores; planear alguna comida, fiesta, o "asalto" (música y baile en una casa con aporte de comestibles), o simplemente a charlar de cualquier cosa con los amigos.
Ya casado y con hijos seguí viajando a visitar a mis padres, allí establecidos en su vejez.
Actualmente lo seguimos repitiendo, pero agregamos a la nieta y sus padres.
Muchos se fueron, partieron. Los mayores ya no están. Quedan los hijos de algunos hijos.
Pasó el tiempo. Solo unos pocos y todos más cambiados.
Físicamente ya no nos conocemos, ni por nuestros nombres o apellidos, casi no nos recordamos.
No encontramos a los mismos.
Llegó otra gente. Hoy es turístico.
No obstante y por suerte, Carlos Keen vuelve a revivir.
Inconsciente comparo aquel pueblo y el de hoy. Los recuerdos vuelven a mi memoria.
Comentario Final. En este pintoresco pueblo se tejieron muchas historias y persisten muchos recuerdos.
La adición de "volver" es la más sugestiva y puede transformarse en una adicción.
Un pueblo con “todas la de la ley”.
Las fotografías son de nuestra propiedad y de la weeb.
Autor: Carlos Massarutto - Lomas del Mirador - Pcia Bs As. - Diciembre/2007.

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